El mundo se me cae, demasiado. Hoy se me cae con un amigo, y
no tengo claro por qué. Pero siento que se me cae.
Hoy el mundo, de nuevo, es frío. No tiene el calor que tanto
espero. Hoy el mundo se parece a un infierno de hielo: Hoy me gustaría dormir
por unos dos mil o tres mil años. Hoy nada cobra sentido en el castillo de
naipes del día a día. Hoy veo que me equivoco cuando no leo, cuando no escucho
más música, cuando soy nada porque apenas soy algo que aparece en el universo
de la gente.
Hoy he deambulado nocturnamente sin saber si lo nocturno
tiene sentido y sin saber el sentido que tiene el ser un enamorado de lo
nocturno.
Hoy no estaba entre mis amigos…o quizás sí y simplemente soy
un gilipollas.
Quizás tenga la mente demasiado acelerada.
Quizás mi cabeza no está preparada para entender el mundo.
Quizás el mundo juega con cartas que desconozco.
Quizás el rumor en la mañana no puede ser la sonrisa que de
manera pérfida me planta la luna de vez en caundo.
Quizás tengo tantos fantasmas que necesitaría todos los
castillos de Castilla, Escocia, y de toda la casa de Plantagenet.
Quizás los ojos del universo son demasiado oscuros como para
poder entrever mis errores en su juego de dados universalmente eterno.
Quizás los vasos de alcohol de una sonrisa no son más que la
mentira de una conversación entre amigos.
Quizás los amigos son distintos por el paso del tiempo. Y se
te desencajan de las hormas que tenías ya bien pertrechadas y donde los
entendías. Quizás yo también esté fuera de alguna horma.
Quizás toda esta mierda de letras deban estar en alguna
basura.