lunes, 11 de junio de 2018
Tarde veneciana de Gari
No hay jardines a la vera del mar, eso pensaba Gari, en su retiro veneciano paseaba un día tras otro por los canales y no quería entrar en parques que le recordaran la Costa Azul. No podía llevarla a la vera del mar, no podría hacer el amor en un jardín con lirios en flor.
Los días pasaban y un día se encontró a un personaje con atuendo árabe, tez griega y atavíos adornando su túnica y zapatos de Prada. El hombre le sonrió y le enseñó un matraz repleto de líquido azul.
- ¿Te gustaría que fuera de otro color? -le preguntó mientras su sonrisa se extendía por los cristales del recipiente, reflejada en formas imposibles.
- Me da igual -respondió de manera contundente Gari, no quería hablar con nadie.
- ¿Has visto rinocerontes, elfos o a Freud ultimamente?
Sorprendido por la pregunta Gari torció el gesto y se mostró más interesado
- ¿Qué sabes de eso? -le interrogó de manera un tanto exigente.
- Digamos que sé que este tiempo no es el tuyo y que buscas lo que no encuentras, que te echan de la vera del mar y no puedes caminar por ella, que dudan de tu cariño debido a tu búsqueda sin tino, que no escribes poesía porque estás seco, que no hablas y que no entiendes, que respetas lo máximo que puedes y que cada día es una travesía por el deseo no cumplido para que aquella que perdiste entre libros y primaveras no sienta tristeza.
- Mientras tanto la siento yo.
- ¿Quieres que el líquido cambié de color?
- ¿De qué me valdría?
- Sería bonito, ¿no?, es un truco de antiguas tribus, se consigue a través de un arcano y un poco de miel de abeja cordobesa.
- ¿Cómo? - Gari pensó que estaba en otro de sus extraños sueños.
- Y además podrías ser un rey del desierto.
- ¿Un rey del desierto?
- Desconoces ese personaje...pero quizás no tanto.
En ese instante un transeunte se tropezó con el personaje árabe de tal forma que el matraz se ocultó en los ropajes, mientras el tropezón daba lugar a una serie de disculpas Gari observó como el árabe se despedía y no daba importancia al tropezón.
- Nos vemos Gari, Jana emigró, pudo ir a Nueva York con Russell, o a Moscú con Stiva, a Denver con Dean o a Florencia con Stanmer.
El sol dejaba paso a una luna que desplegaba el manto transparente de una tarde primaveral mientras Gari pensaba que amar es viajar en un tren sin billete y sin revisor, no sabes donde puedes llegar pero no tienes quien te obligue a bajar.
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