miércoles, 31 de octubre de 2018

Otro y otro...




Desde el mundo que uno camina día a día, apenas hay motivos de saltos de alborozo. Lo más a lo que aspiramos es a estar sentados de alborozo, lo cual, si lo observas con media distancia, no está tan mal… ¿o sí?

La duda del ¿o sí? Viene porque no todos somos iguales, no todos observamos la vida igual, no todos nos satisfacemos con lo mismo y no todos creemos que Batman sea un gran detective pero que solo gana a Holmes en sus cachivaches.

Lo que distingue el salto del asiento es el número de discos que tienes esperando a ser escuchados. El del salto tiene más porque mientras salta poca música escucha salvo que llegue unos cascos bluetooth bien modernos. El del asiento escucha música, constantemente, pero es música impertérritamente continuada en las armonías y melodías, son poco arriesgadas, no tienen una sílaba malsonante y no hay disonancias a ritmo de fusas.

¿Y tanta frase extraña? Pues es lo que se ocurre en una tarde otoñal…o estival o lo que toque.
El desierto está oculto, escondido o perdido…los pies…deseados.

lunes, 29 de octubre de 2018

Otoño...



Intentando pasar los días, en un otoño real. Eso es lo que quería. Un otoño real. Necesito conversaciones otoñales, con un café o un whisky solo en un café o en una whiskeria. Necesito unas sonrisas de miradas perdidas, necesito una conversación de Scott Fitzgerald -el 24 de septiembre no celebramos nada, nació con el otoño recién llegado, un ser otoñal-, necesito saber porqué Green Day es un grupo punk o pop y debatirlo, necesito que McInerney sea un nuevo referente en una discusión sobre si las vanguardias de los veinte tuvieron sentido y quién las sucedió, necesito que el realismo sucio se nos aparezca para charlar al respecto y que podamos disfrutar de cada minuto.

Escuchar Autumn in New York y pensar si en Madrid también surgen esos acordes, ¿aprecias su voz?, canción de tertulia eterna, tertulia beduina, desértica con lluvia de noviembre, momentos donde mi falsedad denostada, mi palabras fraudulentas, son perdonadas.

Este otoño al menos tiene a McInerney, La Buena Vida, acabo de empezarlo, primeras páginas y ya me ha embaucado la personalidad y la nueva realidad de Corrine. Otoño y McInerney, sin la opción a desgranar cada capítulo pues el silencio está en el ambiente.

Madrid es una ciudad perfecta para el otoño, cuando este decide aparecer. Un paseo como Recoletos con su manto de hojas caducas en la acera central, arrastrando de vez en cuando los pies para escuchar el sonido de la desnudez de la arboleda levantándose y removiéndose. Colores marrones que contrastan con el urbano gris de la calzada que a lo lejos parece intentar fundirse con el plomizo color del cielo. Paseos escoltados por el arte con mayúsculas, a un lado el Prado al otro el Thissen y un poco más allá el Gijón con sus mesas que siempre me traen a la cabeza La Colmena y sus lápidas del revés. Madrid te deja que disfrutes el otoño en sus calles, con el frío que se va metiendo entre las ropas, y con el llovizneo a punto de empapar tus pensamientos. El calor de la taza humeante, el whisky solo y los aires de otros tiempos que nunca existieron y que pretendes recordar. Montecarlo no tiene tan buen otoño, Montecarlo tiene bailes desérticos.

Intentando pasar los días en un otoño real. Adoro estos otoños.

Castaway...


Estoy en una constante rememoranza de lo que no ha pasado. En una travesía de desiertos ignorados, sin más palmeras que las que brotaron de las semillas de tus lágrimas. En una jornada de pies calzados que desaparecen por las esquinas del boulevard que desemboca en el bar  Rick No Ricks, en un Montecarlo olvidado, en la estación del autobús que no lleva a tu casa pero que deja en tu barrio donde los perros ladran al amigo y devoran a dentelladas al desconocido. Un barrio donde me tienen prohibida la entrada, donde los suburbios más horrendos se aparecen como palacios.

Estoy en la travesía del naufrago que no tiene isla y vive rodeado de transeuntes ajenos a la tortura mental de solo recordar y no poder contemplar las danzas beduinas.

jueves, 25 de octubre de 2018

Sin estado de gracia...





Cuando te das por vencido ante ti mismo puede que esté sin gracia. Cuando nada hay que te muestre el camino porque las huellas se borraron bajo un viento brutal, puede que estés sin gracia. Cuando el sol golpea las gotas de lluvia que te hacían sonreír y las evapora en una melodía de sacrificio ancestral, puede que estés sin gracia. Cuando las manos que no cogiste más que unos minutos se confunden con una ensoñación de dudas acerca de si existieron, puede que estés sin gracia. Cuando el laberinto cierra sus puertas y deja dentro tu alma con heridas que solo pueden restañar los labios de quien está fuera, puede que estés sin gracia.

Sin gracia, ¿gracioso? quizá, pero sin estar en estado de gracia. Pecador de los minutos las horas y los días. Sin gracia para observar las huellas en el desierto.

miércoles, 24 de octubre de 2018

"Noes" como comienzo



No es el momento de la verdad cuando tienes que enfrentarte a los fantasmas, los fantasmas aparecen antes y después de la verdad porque te acompañan cada momento, cada minuto, y salen cuando no lo esperas o cuando lo esperas, da igual, ellos no están pendientes de tus descuidos, solo están pendientes de cuándo tienen que salir.

No tengo más que dos dólares en billetes de diez y un reloj que marca las horas cuando miras el precio de las verduras del día. No tengo más que ganas de besar unos labios que solo besé una vez, y un montón de cicatrices en las yemas de mis dedos de todas las cartas que te he escrito sin respuesta. No tengo más que el saludo ingente de mil palomas mensajeras que no llevan mensajes a tu balcón porque lo cerraste con la llave imposible de descifrar.

No hay un sonido fuera, hay un estruendo de metal que convierte la realidad en el juguete de quien transforma la comida de tu mascota en un montón de mierda crepuscular con tintes de futuro incierto y de tiranía ancestral. Quédate aquí conmigo mientras acaricio tus pies para que el placer inunde tus sentidos y puedas evadir tu sensación de verdad al palco de mis manos, para contemplar desde allí los próximos minutos de tu sueño reparador.

No es momento de empezar desde el final así que alguien escoge varias damiselas rubias para que bailen a tus pies, reina morena, y que luego las destierres a la mejor de las arenas, al paraíso que puedan habitar mientras buscas mis huellas y yo busco tu aroma por parajes que llevan una y otra vez a las arenas rubias, con un camino sin sentido que confunde mis deseos anhelantes de tus bailes descalzos.

Y todos los párrafos anteriores empezados por "no".

Otro y otro...

Desde el mundo que uno camina día a día, apenas hay motivos de saltos de alborozo. Lo más a lo que aspiramos es a estar sentados de ...